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  • Feña Ortalli

Acceptance and consent

When we enter the impro world, its philosophy ends up tinging our reality. Certain concepts transcend the barrier of the improvised scene to apply in our everyday lives.

The obligatory nature of saying yes, of accepting every offer almost unconsciously, was written in stone because, for too long, teachers have been using a pedagogy where prohibition prevailed over explanation.

This forced acceptance, this mandatory yes, ends up becoming a simple reflex action. Like Pavlov's improvisers, we respond without questioning, conditioned by a proposal and a response.


This omnipresent and unquestionable yes, has caused (and keeps causing) havoc in the emotional and physical safety of many colleagues. Each time, more and more people dare to speak up and share their traumatic experiences provoked, in great part, by the feeling of being forced to say yes to situations of violence and harassment, both on and offstage.


Let's be clear.


Nobody can force you to do something you don't want to do on stage. Or offstage.

Accepting the common reality of a scene does not make you anyone's puppet.

It is consense what's important when it comes to ruling our relations, actions, permissions, and boundaries in every scope of the impro world.


It is time to take action and work to create safe spaces where we can improvise, explore and express freely without harassment or violence.


Do you accept the offer?



....


ACEPTACIÓN Y CONSENTIMIENTO

Cuando entramos en el mundo de la impro, su filosofía termina tiñendo nuestra realidad. Ciertos conceptos trascienden la escena improvisada para aplicarse en la cotidianidad.

La obligatoriedad de decir que sí, de aceptar toda propuesta de forma casi inconsciente, fue marcada a fuego debido a que, durante demasiados años se utilizó una pedagogía en la que prevalecía la prohibición por sobre la explicación.

Esta aceptación, este sí obligatorio, termina convirtiéndose en un simple acto reflejo. Como improvisadores de Pavlov, respondemos sin cuestionar, condicionados por una propuesta y una respuesta.

Este sí omnipresente e incuestionable ha causado (y sigue causando) estragos en la seguridad física y emocional de muchas compañeras. Cada vez más personas se animan a hablar y compartir traumáticas experiencias provocadas, en gran parte, por la sensación de estar obligadas a decir que sí ante situaciones de violencia o acoso tanto arriba como abajo del escenario.

Que quede claro.

Nadie puede obligarte a hacer algo que no quieras hacer sobre el escenario. Ni abajo.

Aceptar la realidad de una escena no te transforma en títere de nadie.

Es el consenso lo que prima a la hora de regir nuestros vínculos, acciones, permisos y límites en todos los ámbitos de la improvisación teatral.


Es hora de ponerse firmes y trabajar para crear espacios seguros donde podamos improvisar, explorar y expresarnos libremente sin acoso ni violencia.

¿Aceptas la propuesta?

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