por Miguel Angel Moreno (Eme)

Diferentes personalidades y habilidades de los improvisadores arriba del escenario.

En ocasiones he conversado con alumnos –incluso con aquellos que ya llevan una larga temporada improvisando- que me confiesan, entristecidos, que esto de improvisar no es lo suyo. Casi siempre, esas conversaciones tienen una frase clave: no hago la suficiente gracia, me dicen, o no sé hacer chistes tan buenos como mis compañeros.

A veces, estos alumnos vienen de escuelas o grupos de improvisación en los que sólo se presta atención al gag, a la broma ocurrente en el momento preciso. Ellos, en este sentido, acaban sintiéndose como marionetas: llevados de un lado a otro, y utilizados para que los “graciosos” hagan su parte. La parte que de verdad importa. En definitiva, se sienten inútiles.

Por desgracia, esta actitud en la impro es más frecuente de lo que parece, y es una lacra. Termina produciendo, muy a menudo, espectáculos llenos de chistes sin ningún valor teatral y, también muy a menudo, alejan del mundo de la improvisación a personas muy capaces de crear historias interesantes.

No ser gracioso, o no saber hacer el chiste adecuado en el momento ideal, no significa que no se sepa improvisar, porque no debemos transformar la improvisación en una colección de gracias. Es mucho más que eso: es la creación de historias en el momento, y el desarrollo de las mismas con apoyo de nuestros compañeros y/o el público. En este sentido, hay muchos tipos de improvisadores válidos, cada uno con aptitudes realmente útiles. 

Así, en mis clases he podido detectar cuatro tipos de improvisadores. Todos ellos son muy importantes, y ayudan a construir relatos originales y bien hilados. Estos tipos de improvisadores destacan por una habilidad sobresaliente, lo cual no quiere decir que no posean también rasgos de las otras tres. 

Los cuatro tipos son los siguientes:

El creativo: Es el que se encarga de sacar ideas de la chistera. Quien aporta inicios que enganchan al público, giros de trama inesperados y finales que arrancan un aplauso. Cuando los demás se quedan bloqueados, el creativo sabe cómo continuar el relato improvisado. 

El gracioso: Es quien recibe una chispa de creatividad en un momento concreto, y sabe qué decir o hacer para que el público estalle en carcajadas. A veces, este tipo de improvisador tiene el humor en las venas. Todo lo que hace puede provocar risa. Ya no es el qué dice, sino el cómo lo dice o lo hace.

El arreglador: Es el improvisador que se ocupa de que la historia no se salga de su senda. Quien recuerda los nombres de los personajes, lo que se dijo y se hizo en capítulos anteriores, quien está al tanto del tempo interno de la impro… incluso puede llegar a saber si el público está conectado con la historia o no, y en caso contrario, tocar las teclas adecuadas en el argumento para lograr que dicha conexión se produzca.

El generoso: Este improvisador tiene la generosidad como elemento fundamental de su estilo. Todo lo que hace o dice es para los demás, para sus compañeros. Así, conduce la historia de tal modo que el creativo pueda lanzar el giro argumental, y dice los comentarios adecuados para que el improvisador gracioso deje salir la broma. 

Como he dicho antes, todos poseemos cierta medida de los cuatro tipos de improvisadores, pero es posible que destaquemos en uno u otro. La clave es que no todos ellos son graciosos, y sin embargo, todos resultan importantes. No perder de vista este detalle, y fomentar el punto en el que despunta cualquier alumno, puede conseguir que todos se sientan cómodos en algo tan hermoso y divertido como es la improvisación teatral. 

Publicada en Status Nº 63 (Septiembre de 2016)

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